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6 creencias populares sobre la vacunación de los niños que deben ser erradicadas por completo

Fecha 28 de noviembre de 2017

Cada vez es más común que los padres se salten o retrasen las vacunas para sus hijos, es una moda que ha contribuido a los recientes brotes de enfermedades que ya no eran comunes como sarampión, paperas y tos ferina. Mucha de la ansiedad sobre las vacunas está basada en mitos o desinformación.

Estos son los mitos más comunes sobre las vacunas:

1. Las vacunas causan autismo.

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Son ya 14 estudios científicos que no han encontrado un lazo entre las vacunas y el autismo, dijo Paul Offit, director del Centro de Vacunación en el Hospital Infantil de Filadelfia.

Este mito fue creado por un pequeño estudio en 'The Lancet' en 1998, que luego se retractó. Las autoridades británicas médicas, encontraron al autor culpable por desinformar a la gente. Encontraron que dio datos falsificados y llamaron a ese estudio un 'fraude total'.

Triste pero cierto: los mitos y los rumores, una vez liberados, son difíciles de controlar.

2. Las vacunas contienen químicos tóxicos.

Las preocupaciones sobre los posibles tóxicos que pueden estar presentes en las vacunas son los siguientes: mercurio, aluminio y formaldehído.

  • Mercurio

Las vacunas nunca han contenido metilmercurio, un metal tóxico que puede causar daño cerebral. Antes del 2001, algunas vacunas contenían timerosal, un conservador que estaba hecho con etilmercurio, el cual es seguro, a diferencia del metilmercurio, que es tóxico.

Conocer la diferencia entre estos dos componentes es importante, pues no es lo mismo el alcohol etílico que viene en la cerveza o el vino, que el alcohol metílico, también llamado alcohol madera, que puede causar ceguera.

Algunos padres han expuesto sus preocupaciones sobre el timerosal y su vínculo con el autismo. Según 7 estudios, no existen vínculos entre el timerosal y el autismo. Para calmar estas preocupaciones, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ordenó remover el timerosal de las vacunas de rutina y de hecho es una sustancia que no se usa desde 2001.

  • Aluminio

El aluminio se usa en pequeñas dosis en algunas vacunas para estimular una mejor respuesta del sistema inmune.

Los bebés consumen más aluminio a través de la comida, incluida la leche materna, que en las vacunas. En los primeros 6 meses de vida, un bebé que es amamantado consume 10 miligramos de aluminio, mientras que un bebé que se alimenta de leche en fórmula consume 30 miligramos.

Un bebé que recibe todas sus vacunas, habrá apenas adquirido 4 miligramos de aluminio en total.

  • Formaldehído

Las vacunas contienen algunos rastros de formaldehído. Y también nuestros cuerpos. Los niños tienen 10 veces más formaldehído en su cuerpo que cualquier vacuna.

Si tienes cero tolerancia al mercurio, tienes que mudarte a otro planeta. Todos tenemos mercurio, aluminio y formaldehído en nuestro cuerpo, dijo el Dr. Offits.

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3. Los niños reciben tantas vacunas que les debilitan su sistema inmune.

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No existe evidencia que sirva de argumento para esta posible preocupación. Lo que algunos padres no entienden es que el sistema inmune de los niños es fuerte, aún cuando se les colocan tantas vacunas. Antes los niños solo eran vacunados contra viruela, hoy en día reciben vacunas contra 14 enfermedades.

Al dejar el útero, los bebés son rodeados inmediatamente por millones de bacterias. Si el sistema inmune no fuese tan fuerte, no sobrevivirían a su nacimiento.

4. Es seguro dejar pasar algunas vacunas.

Hay padres que piensan que exponer a sus hijos a tantas vacunas en una sola ocasión les causa mucho dolor innecesario. Sin embargo, dejar algunas vacunas para después puede causarle más enfermedades a los niños.

Estudios han comprobado que la hormona del estrés en los niños se dispara después de una inyección. Como esa inyección fue muy estresante, ponerle otra no va a aumentar más ese estrés.

Cabe destacar que posponer las vacunas también pone en riesgo a los bebés.

5. Las vacunas provocan muchos efectos secundarios.

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Antes de usarlas en humanos, las vacunas son probadas miles de veces y está demostrado que son seguras.

Por ejemplo, la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano fue probada en 30,000 mujeres antes de ser aprobada, la vacuna contra el neumococo fue probada en 40,000 niños, las dos vacunas contra el rotavirus fueron probadas en 130,000 niños. Todas esas inyecciones fueron probadas durante 20 años.

Cuando se lanza una nueva vacuna, la FDA exige a las compañías farmacéuticas probar que no representan una amenaza.

Los fabricantes de vacunas tienen mucho cuidado al etiquetar sus medicamentos, pues están obligados a advertir sobre los posibles efectos secundarios que pueden ocasionar.

6. La vacuna de la influenza causa influenza.

Los virus que se encuentran en la vacuna contra la influenza están muertos, entonces no pueden provocarle a nadie influenza. El efecto secundario más común es sarpullido en el brazo.

La vacuna contra la influenza se coloca en tiempos en los que los virus respiratorios están circulando más, así que no es de sorprenderse que las personas contraigan gripe después de vacunarse. Solo se es inmune a la enfermedad a las dos semanas de que se colocó la vacuna, pero está comprobado que la vacuna por sí misma no causa la enfermedad.

Estar bien informados es muy importante para no creer mitos falsos, sobretodo cuando se trata de la salud de los niños.

Source: Usatoday

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