5 Razones por las que estas comunidades se han convertido en las más longevas del planeta o en “Zonas Azules”

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November 27, 2017 16:47 By Fabiosa

Desde la antigüedad, el tiempo y la finitud del hombre han sido motivos de reflexión continua: desde los poetas griegos hasta los filósofos medievales, pretendían entender cuál era el sentido de la existencia humana y su perennidad y vulnerabilidad. Alcanzar la eternidad, podríamos decir, es uno de los propósitos que atraviesa la historia humana. Múltiples relatos literarios, plásticos, cinematográficos, han dado cuenta de esa inquietud.

A pesar de que no hemos hallado una forma de “vivir para siempre”, algunos lugares en el mundo registran una tasa de mortalidad que mantiene viva la esperanza. Sin embargo, parece que no todos podemos negociar unos años de vida más en la Tierra. ¿La razón? Nuestro estilo de vida.

Para referirse a esos lugares donde la tasa de mortalidad muestra que es posible alargar la esperanza de vida y mantener la calidad, el periodista Dan Beuttner, del National Geographic, utilizó la expresión “Zonas azules”. Este nombre dio título al libro que publicó, luego de adentrarse en una experiencia centrada en una invetsigación empírica.

Según los datos que Dan Beuttner pudo recolectar, existen 5 lugares en el planeta que pueden definirse por una especie de eternidad humana —al menos la eternidad más humana que hemos podido alcanzar, pues sabemos que el ciclo vital siempre nos devuelve a la tierra—: Loma Linda, California; Okinawa, Japón; Icaria, Grecia; Cerdeña, Italia; y Nicoya, Costa Rica.

¿Qué tienen en común todos estos lugares? Sus habitantes viven muchos más años que el adulto promedio de otros países con altas tasas en la esperanza de vida. ¿La razón? Los hábitos alimentarios, el estilo de vida, los factores ambientales. Ello prueba que solo el 20% de la vida media de una persona está determinada por sus genes, el otro 80 % depende de lo que hagamos por permanecer más tiempo vivos.

En Cerdeña, por ejemplo, podemos hallar los hombres más centenarios; mientras la península de Costa Rica posee el segundo lugar en el rubro de hombres centenarios. En Ikaria se registran las tasas más bajas en demencia. En Okinawa, Japón, las mujeres que exceden los 70 años de edad son la población de más larga vida. El secreto en Loma Linda, California, parece ser la fe, pues viven hasta 10 años más que un norteamericano promedio.

En realidad, lo que tienen en común estos 5 lugares es un estilo de vida que pone de relieve 5 puntos:

1. Darle sentido a la vida.

Cada cultura construye una forma darle sentido a la vida: una cosmovisión. Este proceso de significación es muy importante, porque determina cómo nos vamos a relacionar con la naturaleza, con nuestros semejantes; cómo vamos a darle orden a la experiencia de vivir y, por ende, cómo vamos a entender la muerte y nuestra relación con la pérdida; cómo vamos a acceder la realidad y qué mediaciones existirán. Es importante saber qué nos empuja a abrir los ojos cada día, cuál es nuestro propósito en el mundo, cuál es nuestro lugar en la comunidad donde habitamos y qué queremos conseguir. Tener un propósito en la vida no puede suponer una meta que nos ahogue y nos someta. No es la meta quién determina el sentido de la vida, sino la vida misma y el acto de la voluntad humana.

2. La fe y la espiritualidad.

Si algo tienen en común estos 5 lugares son los lazos comunitarios, atravesados por la relación religiosa. Si bien no puede reducirse la espiritualidad ni la fe a la religión, es importante entender que la religión supone una forma de vida diferente, pues afecta las emociones, la construcción de los afectos, la movilidad de los sujetos. Cada religión tiene una manera peculiar de entender y darle sentido a la existencia humana, de significar los cuerpos y nuestra relación con ellos; de potenciar la acción colectiva y generar vínculos no mediados por el capital, la razón ni el tiempo de la producción. Algunos estudios muestran que la fe puede aumentar la esperanza de vida de 4 a 14 años. Los habitantes de Loma Linda son Adventistas del Séptimo Día. Ellos se adhieren fuertemente a la creencia de respetar el cuerpo humano como el templo del Espíritu Santo.

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3. Hábitos alimenticios.

El punto anterior nos lleva a los hábitos alimenticios. Porque nada está desconectado. La manera en la que interpretemos el cuerpo y el tratamiento que le demos, desencadena formas de alimentarnos. Un rasgo común en las cinco zonas azules es que han reducido el consumo de carnes y han aumentado el de granos, verduras y frutas. Algunos de estos sitios solo consumen carnes 3 ó 5 veces al mes. Otro punto importante es que no someten al cuerpo al gesto de llenura. La ciencia ya ha comprobado que esto es verídico. El cerebro tarda hasta 20 minutos en procesar el acto de ingestión de alimentos y demora en enviar la señal de saciedad. Si comemos hasta sentir que estamos repletos, en realidad estaremos consumiendo calorías extras y solo obligaremos a nuestro organismo a realizar funciones de más.  Se debe mantener una comunicación con nuestro cuerpo, interpretar las señales que envía porque ello también influye en la esperanza de vida.

4. Ejercicios físicos.

Estas comunidades no son sedentarias, mantienen una actividad diaria que ejercita sus cuerpos. Mientras las sociedades contemporáneas nos avocan a un sedentarismo, sobre todo asociado a la vida digital y las nuevas tecnologías, en estas zonas azules la vida se basa en el principio de la movilidad. A diferencia de nosotros, ellos no tienen gimnasio, pues no conciben las actividades físicas de ejercitamiento separadas del resto de las labores. Ello implica que la vida ha de ser movimiento, desplazamiento, ritmo.

5. Evitar el estrés.

El estrés acelera el proceso de envejecimiento y nuestras sociedades, dado el ritmo que impone la vida en la urbe, están sometidas a un estrés continuo. El estrés hace que nuestro cuerpo libere sustancias, como el cortisol y la adrenalina, que aceleran el proceso de oxidación celular. Por ello, en estas comunidades el tiempo para el ocio y el descanso es un principio inviolable. El descanso, además, está vinculado con una concepción religiosa de la vida.

6. La familia, los amigos, la comunidad.

Otro punto importante que no podemos pasar por alto es la relación que instituye la comunidad entre sus miembros. Mientras con las sociedades modernas, la familia, como institución principal y articuladora de las relaciones, sufrió un proceso de desintegración; en estas zonas azules, la familia constituye un importante núcleo afectivo en torno al cual gravita la vida de la comunidad. El respeto, la responsabilidad y el amor por los otros no se traduce en relaciones de opresión, desigualdad o sojuzgamiento. Aunque sí existe una jerarquía social (basada sobre todo en la edad), ella no actúa en detrimento de las relaciones. Además, la familia es uno de los principales pretextos para convocar al descanso y la paz.

Como hemos visto, no se trata de recetas fijas y rígidas que podamos aplicar, sino de estilos de vida que potencian la existencia sana y garantizan la esperanza de vida.

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