Singapur tiene la clave del éxito para convertirse en una potencia educativa: disciplina y rigor académico

Estilo de vida y salud

December 1, 2017 01:13 By Fabiosa

¿Alguna vez alguien te ha preguntado si estás de acuerdo o no con el sistema educativo que recibe tu hijo? La realidad es que la mayoría de los padres deben lidiar con sus insatisfacciones con respecto a la educación. Al sistema no le interesa saber qué opinamos. Sin embargo, afortunadamente, esta indiferencia no es algo universal y, de hecho, muchos países están intentando cambiar la relación escuela-familias.

En Singapur, por ejemplo, el Instituto de Estudios de Políticas publicó los resultados de una encuesta que se aplicó durante 3 meses a los padres. La encuesta buscaba medir el nivel de aceptación o desencanto de estos individuos en relación con el funcionamiento y la puesta en marcha de los planes educativos singapurenses.

Se encuestaron a 1500 padres de un total de 180 centros educativos. El 90% de los encuestados consintieron en que las escuelas singapurenses poseen un alto nivel. A ello hay que añadirle que este trabajo investigativo arrojó que también la mayoría de los padres envían a sus hijos a las escuelas que ellos mismos eligen, sin que exista una mediación o imposición. La razón por la que los padres están tan felices con el sistema educativo se debe al enfoque que recibe la educación, el cual coloca al país entre los primeros del mundo con una proyección educativa de élite.

Si se toma en cuenta que hace apenas 3 décadas atrás Singapur poseía indices que indicaban la pobreza material y el subdesarrollo, el hecho de aparecer en el primer lugar, según los resultados de PISA, en el rubro “matemática”, entre otros, hace que nos preguntemos, ¿qué cambió? En realidad, Singapur no es el único ejemplo de un país pobre que alcance altos estándares en su educación.

En el continente americano tenemos el ejemplo de Cuba, una isla que no solo erradicó el analfabetismo desde el decenio del sesenta, sino que instituyó un sistema educativo de calidad, exportable a otras regiones. El secreto está en cómo estos países conciben la educación y el lugar que le ceden en la sociedad y la cultura.

Para Singapur, la educación fue el eje de la vida social, un medio para desatar los amarres del subdesarrollo. De ahí que hoy el país destine el 3% de su PIB al sistema pedagógico, con el fin de mantener un servicio gratuito y público que debe estar al alcance de todos. De hecho, la educación se decretó obligatoria. Se estipuló que, además, debía ser bilingüe, siendo el inglés el idioma oficial, mientras el tamil, el mandarín o el malayo, se instituyeron como lenguas maternas de segundo orden en el aprendizaje. Se incorporaron una diversidad de materias que cubrían tanto las llamadas ciencias duras, como las humanidades y el arte.

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Sin embargo, no todo es una panacea. El sistema educativo singapurense se caracteriza por el rigor y la exigencia, lo cual desencadena estrés y angustia en los estudiantes que consumen su tiempo en los estudios. En el nivel primario los niños deben realizar un examen que mide sus conocimientos, también conocida como Primary School Leaving Examination. Se trata de una prueba para la que deben prepararse desde el inicio del colegio. En dependencia del puntaje que alcancen, el sistema los clasifica en: avanzado, normal y técnico.

Aunque la mayoría de los estudiantes, un 98%, pasan con éxito el examen, varios estudios revelan cómo afecta la capacidad de socialización. Los niños deben cumplir con una demanda de rendimiento que exige dedicación y disciplina absoluta.

Mientras algunos enfoques educativos optan por eliminar los exámenes, como un método de comprobación de conocimientos, Singapur apuesta a ellos como una estrategia para garantizar la calidad del estudiantado y una fuerza laboral altamente calificada en el futuro. Los pruebas periódicas y las técnicas de aprendizaje son la base del sistema singapurense.

La exigencia académica ha generado la doble jornada para los estudiantes, pues los padres, a fin de que los niños cumplan con la demanda de la enseñanza y aprueben sus exámenes, recurren a clases extra fuera del horario escolar para que mejoren sus habilidades en matemática e inglés. Un estudio mostró que, al menos, el 70% de los padres costea clases adicionales para sus pequeños.

El Estado no está ajeno a los largos periodos de estrés que se someten los estudiantes, por ello está evaluando su propio sistema. La idea es mejorar el enfoque educativo cada día, hacerlo más equilibrado, menos autoritario y cederle un margen de autonomía, por pequeño que sea, al estudiante.

Mientras tanto, Singapur se coloca entre los primeros lugares de la lista mundial de mejores sistemas educativos. Sus logros en materia de aprendizaje y en la erradicación de las altas tasas de analfabetismo son indiscutibles.

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