Finlandia ha renovado la educación: más autonomía de los estudiantes, menos autoritarismo del profesorado

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November 27, 2017 16:17 By Fabiosa

Como todos sabemos, la educación ha pasado a ser un bien y, por ende, es imposible que se sustraiga a la lógica instrumental de capitalización. Hay que pagar por el conocimiento, lo que significa que debemos costear nuestra introducción en la sociedad, nuestro lugar en ella, nuestra libertad. Sin embargo, algunos países comienzan a apostar todo su capital, o parte de él, a diseñar un sistema educativo para todos y por el bien de todos, principio que rigió la visión pedagógica de José Martí en el siglo XIX. Filandia intenta cumplir hoy esa máxima del pensamiento martiano.

Finlandia dedica 6% de su PIB a la educación. Es totalmente gratuita y pública. Ningún individuo debe pagar cuotas por recibir un conocimiento que le servirá para comprender el mundo y su lugar en él. Se trata de un sistema de protección que coloca en el centro de la vida social la educación, en tanto garantiza la constitución de los sujetos.

Los datos revelan que los resultandos del programa de estudios y la perspectiva pedagógica de Finlandia son eficaces. En el informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), elaborado en el año 2009, Finlandia pasó a ocupar el puesto número dos en ciencia, el número tres en lectura y el número seis en matemáticas.

Como es lógico, este avance en materia educativa se debe al hecho de garantizar una educación gratuita para todos, donde no solo se exime a los educandos del pago de las cuotas, sino que reciben los materiales escolares de forma gratuita y, además, se les garantiza la alimentación. El Estado subvenciona estas actividades; sin embargo, la calidad de la enseñanza finlandesa se debe también al modo de concebir el proceso de aprendizaje. Veamos algunas medidas que hacen explícita la forma en la que funciona el sistema:

1. Existen un total de 608 horas lectivas en primaria. De ellas, en el primer y segundo grados, la jornada escolar no excede las cinco horas lectivas; mientras los grados posteriores poseen siete horas.

2. La educación obligatoria empieza el año académico en que los niños cumplen siete años y culmina cuando cumplen 17.

3. No hay exámenes ni pruebas de clasificación a nivel nacional.

4. No existe un horario rígido que los alumnos deban cumplir.

5. La preparación de los maestros es muy exigente. Del primer al sexto grado, los maestros deben tener, como requisito mínimo, un título Magisterio en Educación. Del séptimo al noveno grado, los maestros han de poseer un título de maestría en la materia que enseñan, pero, además, han de estar preparados en los estudios correspondientes de metodología pedagógica en Ciencias de la Educación.

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Éstos son algunos de los datos más celebrados de la enseñanza finlandesa. Ahora bien, la pregunta es, ¿qué nos dicen, realmente, sobre la educación de este país? Veamos:

En primer lugar, enfoquémosnos en el rol que el país cede a la educación como elemento clave en la conformación de las identidades y la cultura. En segundo lugar, veamos que esa educación no se concibe de acuerdo con un modelo autoritario, donde el profesor es un sujeto que detenta un poder sobre los estudiantes y ejerce su autoridad sobre ellos. Aquí el profesor es un facilitador. El facilitador es una persona que estimula el respeto, la confianza, la responsabilidad y la colaboración. La educación vista desde el punto de vista del facilitador gravita sobre las estrategias didácticas de participación y la construcción colectiva del conocimiento.

De ahí que, por ejemplo, el aula deje de ser el lugar central donde acontece el acto educativo. La educación no se limita a ese espacio, circula y atraviesa la vida misma. Por eso, no hay asignaturas más importantes que otras. Los estudiantes no se vinculan con las asignaturas desde un mandato, sino por la necesidad de participar de un saber colectivo.

Conozcámos un ejemplo de cómo puede funcionar ésto, en la organización misma del conocimiento. ¿Cómo se enseña, usualmente, la Segunda Guerra Mundial? Es un contenido que corresponde a la materia de historia. Sin embargo, la educación finlandesa cree que no es un tema privativo de esta disciplina, sino que puede ser abordado desde otros campos del conocimiento, como las Artes y las Letras. Lo mismo ocurre con los saberes técnicos. Los pequeños pueden adquirir conocimientos sobre mecánica, física o matemática, a través de juegos, como en el caso del Lego.

Como podremos ver, el peso no recae ya absolutamente sobre el maestro. La educación es una labor compartida entre la figura del facilitador, este guía que orienta al niño, la familia y la sociedad. Este modelo privilegia y respeta el ámbito de autonomía de los sujetos. Por eso, el plan de estudio se construye en total comunicación con los estudiantes. De ahí que tampoco haya exámenes, sino que se trata de una evaluación continua e incentivadora. El examen deja de significar estrés, competencia y jerarquía. Es una forma de que cada uno mida sus propios avances, sin que ello se traduzca en exclusión.

Aunque no podemos garantizar que la exportación de los modelos educativos garantice su eficacia en cada contexto, se trata de una experiencia que los países deberían tomar en cuenta. Estamos hablando de un país que ha mostrado que la educación puede cambiar las vidas a través de su función liberalizadora; pero, sobre todo, a través de la acción conjunta: Estado, institución-facilitador, familia, sociedad. Un ejemplo a seguir en nuestra región.

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