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Canadá se considera uno de los mejores sitios para la formación de los niños y la razón radica en sus escuelas

Date November 29, 2017 19:40

¿Cuál es el mejor método para articular un sistema educativo eficaz? La verdad es que no existe un método fijo. Para muchos padres, la educación se torna uno de los principales problemas para encarar el futuro de los hijos. Incluso, esta inquietud por la educación define, muchas veces, los desplazamientos territoriales y las migraciones. Así como se migra en busca de mejoras económicas, también se hace para obtener mejores ofertas educativas.

En el caso de Canadá, la educación es gratuita y pública, en un alto porcentaje. Desde el año 1983, cuando se aprobó el artículo 23 de la constitución, se estipuló que el 7% del PIB se destinaría para la educación.

La estructura que rige el funcionamiento del sistema educativo está basada en un ordenamiento regional que establece 10 provincias. El gobierno de cada región es responsable de organizar y poner en marcha sus escuelas. Se trata de una transferencia de las competencias para administrar y concebir el acto de la pedagogía desde el nivel central del Estado hasta las localidades.

Este modo de ejecutar la educación en el país ha introducido importantes avances, por el modelo de descentralización que supone, ya que las escuelas locales administran sus propios fondos y tienen, por ende, libertad para tomar decisiones sobre el plan de estudio. Cada región, y dentro de ella cada municipio escuela, tiene el poder de postular sus propias políticas de instrucción.

Además, es un derecho de la escuela contratar maestros y decidir quién forma parte del sistema educativo local. Ni el gobierno, ni el Ministerio de Educación impone una norma general aplicable a todos los centros. A ello se suma el Consejo de Asesores de Padres, una iniciativa que vincula escuela-familia-sociedad.

Sin embargo, como todo modelo, este tiene sus puntos ciegos y débiles. El hecho de descentralizar supone que cada localidad implemente métodos propios, lo cual hace que la calidad —aunque tiene estándares altos a nivel nacional— sea desigual.

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Es por ello que se pautan algunas cuestiones. Por ejemplo, los niveles educativos. Existen 3 niveles para todo el país —aun tratándose de educación privada—, elemental, secundaria y superior. Conciben una etapa preformativa que se denomina preescolar. También se ha implementado un cuarto nivel: los institutos técnicos. Lo que sí varía es cuándo comienza o termina un nivel y, lo principal, qué contenido asociar a cada etapa.

Otros de los aspectos que funcionan de manera general y le otorgan unidad e igualdad al sistema es la revisión de currículos, tomando en cuenta la consulta con profesores y expertos en las diferentes materias —lo que introduce distintos niveles de libertad para los profesores—; además, todas se rigen por un proceso selectivo de elección de los docentes muy riguroso. El último aspecto está relacionado con la financiación equitativa.

Cuando el panorama es tan variado: existen muchos cursos, metodologías y enfoques, ¿cómo saber a qué escuela enviaremos a los niños? La calidad de las escuelas canadienses se mide de acuerdo con un criterio arbitrario, pero efectivo hasta la fecha: el número de estudiantes que envían a las mejores universidades, es decir, cantidad de estudiantes y centros universitarios de calidad.

De acuerdo con este criterio de evaluación y las calificaciones, las mejores escuelas en Canadá son: Ontario, 2 millones de estudiantes; Québec, 1 millón; Columbia Británica, 610.000 y Alberta, 530.000. Entre ellas suman un 80% de los estudiantes.

Uno de los aspectos que caracteriza de forma general a la educación canadiense es el enfoque innovador. La mayoría de las escuelas locales apuestan por introducir materias que estimulen miradas antirracistas, no machistas ni xenófobas; impulsan el estudio de las culturas nativas, el conocimiento de lenguas aborígenes y de la cosmovisión de estas comunidades. Estos enfoques apuestan por el reconocimiento de la diversidad cultural que constituye a la nación canadiense y, por tanto, conciben la pedagogía como una herramienta para promover prácticas de respeto y convivencia.

Además, la educación canadiense toma muy en serio los problemas actuales de migración. Siendo un país con una alta tasa de emigrados, su proyecto pedagógico está orientado a estimular prácticas docentes de integración. Las escuelas no establecen distinciones ni conceden privilegios, todos son iguales ante el pizarrón.

Se trata de un sistema inclusivo y autogestivo que debería ser tomado en cuenta en otros países, para poner en marcha políticas educativas más equitativas.

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