Una pobre anciana fue multada por el estado ruinoso de su casa, entonces sucedió un milagro

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Anne Glancey era una de esas mujeres hurañas que enviudó tempranamente y se encerró en su casa para el resto de su vida. Hace ya bastantes años que se quedó sin familiares, ni amigos, y parecía no importarle, básicamente estaba sentada esperando la hora de su muerte.

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No obstante, hace un par de semanas su vida cambió cuando recibió una carta del ayuntamiento en la que se le advertía que si no hacia algo por el estado ruinoso de su casa recibiría una multa aproximada de 3,000 dólares diarios.

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Sus opciones parecían ser pocas, no tenía el dinero para reparar la casa, ni amigos o familiares que le ayudaran. No obstante, cuando sus vecinos Adam y Kristin Polhemus, una pareja que se había mudado a la casa contigua hacía cinco años, se enteraron de la situación, pusieron manos a la obra.

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La pareja logró reunir a un grupo de 25 personas que pasó todos los fines de semana del verano ayudando a lijar paredes, pintar y reparar los desperfectos de la casa. Al principio Anne se mostró tan retraída como siempre, pero luego empezó a salir a ofrecer pastel de zanahoria y zumo de naranja fresco a toda la gente que participaba en la obra.

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Después de que la casa quedó reparada, se donó el auto abandonado que permanecía en el garage y el jardín recuperó su brillo original. Según estimaciones oficiales las reparaciones habrían costado entre 10,000 y 15,000 dólares. Gracias a la voluntad de Adam y Kristin Polhemus, la casa volvió a ser lo que fue hace décadas, pero lo que es mejor, Anne se abrió mucho más y ahora mantiene una amistad con otros miembros de su comunidad.

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