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35 años después de haber aparecido en las portadas mundiales, su exilio sigue siendo desgarrador

Date August 17, 2017 17:48

Corría el año 1984 y una niña afgana, llamada Sharbat Gula, junto a su familia, hallaba protección en un campo para refugiados en Peshawar, Pakistán. Un fotógrafo caminaba entre los refugiados cuando le llamó la atención el verde penetrante de los ojos de Sharbat, y la mirada triste, cansada y agobiada por la persecución. Steve McCurry no lo dudó, apretó el obturador y tomó una foto de la chica afgana.

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Fuente: Youtube

Un año después, esta foto aparecía en todas las portadas. Millones de personas veían el rostro triste del exilio, la guerra y la desolación. Era el rostro de Sharbat.

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Fuente: Hdhod

El conflicto entre Rusia y Afganistán provocó una ola migratoria muy grande hacia los países fronterizos. Las familias huían desesperadas por miedo a morir en la guerra. Sharbat también huyó junto a su familia y se instalaron ilegalmente en Pakistán.

Algunos años después, el hermano de la chica vio la foto en una revista y corrió a mostrársela. Ella se identificó al instante: “Sí, esa soy yo”. A pesar de la timidez que la caracteriza, Sharbat se sintió feliz al saber que su foto había permitido movilizar apoyo para los exiliados.

Fuente: Youtube

Ahora, 35 años después de haber migrado hacia Pakistán, las autoridades del país la han deportado. De regreso a un lugar extraño, que la vio partir en circunstancias adversas. Con sus 4 hijos, retornó a Kabul.

Su esposo e hija mayor murieron en Pakistán. Allí yacen sus cuerpos, frente a la que fue su casa familiar.

Michal Knitl / Shutterstock.com

Sharbat había decidido regresar a Afganistán. Ella vendió su casa y justo dos días antes de partir a su lugar de origen, la policía la retuvo arbitrariamente durante 15 días.

Fuente: BBC

Finalmente, la deportaron junto al resto de los miembros de su familia. Su salud es muy frágil, pues padece hepatitis C y tiene 4 hijos que cuidar. Pero Sharbat no está sola, tiene a hermanos que la apoyan y la fuerza que le transmiten sus hijos.

Una historia triste que es visible gracias a la foto que, por azar, tomara en el 1984 el fotógrafo Steve McCurry.