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Esta mujer era presa de la industria de la belleza, pero una mañana se miró al espejo e hizo ESTO

Date June 14, 2017 02:08

Si te preguntaran del 1 al 10 qué tan perfecta eres, ¿qué responderías? Con esa pregunta iniciaba la serie norteamericana Nip and Tuck. Frente a dos cirujanos estetas, las mujeres debían evaluarse y decidir qué quitaban o dejaban para alcanzar el ideal de belleza. Cual una carnicería, ambos médicos intervenían los cuerpos femeninos para producir mujeres más acorde a los patrones occidentales.

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Según algunas cifras, Corea del Sur ocupa uno de los primeros lugares en el mercado de la cirugía estética.

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Al menos 1 de cada cinco mujeres entre las edades de 19-49 años acuden al quirófano para transformarse, incluso, algunas se someten a dolorosas y muy peligrosas operaciones para alargar los huesos de sus piernas y aumentar la talla de su estatura.

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La artista Ji Yeo nació deseando ser otra. Habitaba su cuerpo inconforme, deseosa de salir huyendo de él. Era horrible amanecer cada día, mirarse al espejo y odiar lo que veía. Esa era su rutina. Sus dos grandes sueños en la vida: ingresar a la universidad y operarse totalmente.

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Ji decidió visitar varios médicos para asesorarse sobre la cirugía. Cada vez que asistía a una consulta salía aún más decepcionada. Ya no solo se trataba de alcanzar el ideal de belleza, sino de someterse al dolor físico y al trauma psicológico de una cirugía.

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Una cirugía es como vivir toda tu vida con corset y tacones para “ser” alguien que realmente no eres. Un corset es una cárcel, y una cirugía es un reclusorio, una falsa, una violencia, tanto simbólica como física, sobre tu cuerpo y ser. Eso le costó trabajo entenderlo a Ji, pero finalmente lo hizo.

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Cuando Ji entendió que su batalla por encajar en los cánones de belleza occidental se había convertido en una violencia contra su propio cuerpo y su espiritualidad, terminó por aceptarse a sí misma. Entonces, decidió convertir su obra como artista en una plataforma para llamar la atención sobre las prácticas de intervención del cuerpo femenino para fomentar la autoaceptación.

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Primero, Ji decidió crear un foro donde reunía a mujeres que, como ella, estaban en contra de los estereotipos y las cirugías estéticas, pero también invitaba a mujeres que ansiaban poder pagar, a como diera lugar, una operación.

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Ji les pedía que las dejara fotografiarlas antes y después de la operación. De ahí sacó una impactante serie que tituló Beauty Recovery Room. En las fotos mostraba mujeres que ocultaban su dolor tras una disimulada sonrisa, mientras su cuerpo vendado yacía convaleciente.

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En el 2010, Ji decidió dar un paso más allá y salió a las calles para interpretar una performance.

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En ella, Ji vestía un leotardo color crema y portaba una pancarta que le pedía al público que dibujara sobre su cuerpo aquellas partes que consideraban ella debía “mejorar”. La gente dibujó todo su cuerpo: glúteos, pechos, brazos, pantorrillas, hombros, caderas…

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Decepcionada de la crueldad de la gente que censura los cuerpos, expuso el registro: las ropas marcadas con plumón.

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El trabajo de Ji se orienta a mostrar a las mujeres que debemos aceptarnos sin apelar a criterios que nos inferioricen, sin autoimponernos códigos. Somos bellas en nuestra singularidad y diferencias. Y ese es el mensaje que la propia Ji ha pretendido difundir a través de su arte.

Hoy ella ha renunciado a la idea de una operación y se mira al espejo y se acepta tal y como es.