ESTILO DE VIDA Y TENDENCIAS

A los 67 años de casados esta pareja recuerda el primer día de encuentro con la misma intensidad

Date November 9, 2016 17:49

La Segunda Guerra Mundial esconde muchas historias, la mayoría dolorosas y trágicas. Todas relacionadas con la experiencia de la muerte, la tortura, la desaparición, la pérdida. El Holocausto ha sido el crimén más grande contra la humanidad. Un recuerdo que intentamos mantener vivo para no repetirlo en la Historia.

Pero durante los años que duró la Segunda Guerra Mundial ocurrieron muchas cosas que aún no han sido narradas. Personas que se encontaron por el puro azar de la vida y desde entonces nunca más se han separado. Esa es la historia de una chica que un día del año 1942 asistió a una cita en Inglaterra. Ella esperaba encontrarse con un soldado en la base de bombarderos.

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Acudió al encuentro, pero no encontró al joven. Esperó por él un tiempo prudente, y al ver que no aparecía, decidió marcharse. Caminó largo rato sola, dubitativa. Sin saber qué había ocurrido, creyendo que había sido objeto de una broma. En su andar se topó con dos jóvenes que vestían uniforme. Al verlos, cruzaron palabras. Ellos estaban alistados en el ejército y eran del Grupo 39 de Bombas. Ella se sentía tan mal por su fracaso en la cita, que decidió contarles. También esperaba que ellos supieran quién era el joven al que había esperado. Sin embargo, ambos desconocían al soldado. Uno de ellos, se ofreció a acompañarla hasta su casa. Cuando se despidieron, él le propuso que se vieran otra vez más. Ella aceptó.

Unos días después, apareció en la casa de la chica, Doris, el soldado a quien debió ver en su cita. Él se hallaba frente a ella pidiéndole una explicación. Ella intentó explicar que sí había asistido al encuentro, pero que él nunca había llegado. Cuando estaba explicando, de repente, se dio cuenta que había equivocado los lugares: había ido hasta una base de bombarderos y su cita se encontraba en una base de combate. Ambos habían estado esperando en vano. Pero, para esa fecha, Doris ya se había enamorado del soldado que amablemente la acompañó hasta su casa. La chica, apenada, le dijo al joven que ya había encontrado al amor de su vida.

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Varios meses después de aquel encuentro, la guerra terminó y la base de bombarderos donde se hallaba el amor de la vida de Doris estaba cerrando. Los soldados regresaban a casa. Esa tarde, Doris fue al encuentro con su amor, quien la esperaba para darle la noticia. Ella sintió que su mundo se desvanecía y un dolor muy fuerte la embargó.

Inesperadamente, al chico no lo enviaron de vuelta a casa, sino que lo trasladaron hacia otra base para que ayudara a ponerle término. La base se encontraba a 60 millas de donde vivía Doris. Así que regresó a verla y le propuso matrimonio. Él no podía vivir sabiendo que dejaba atrás el amor de Doris.

Tuvieron que esperar tres meses hasta que el Comité Militar liberó al soldado para el matrimonio. Cuando ya estaban listos para casarse, le notificaron que debía trasladarse hacia una base militar en Francia. Sin embargo, él hizo caso omiso y volvió a los brazos de Doris para unirse a ella. Apresuraron todos los trámites para la boda: Doris pidió un vestido de novia prestado, pintó de blanco unos zapatos, organizaron un banquete e invitaron a sus amigos.

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Desde entonces, llevan 67 años casados. Tuvieron 4 hijos, 8 nietos y 2 bisnietos. Y han sido felices juntos, no como en los cuentos de hadas, sino como ocurre en la vida real.

A veces, la vida nos depara estas sorpresas. Ella acudía a una cita que no se concretó, sin embargo, encontró al amor de su vida. Estaban destinados el uno para el otro.