Si bien no hay recetas para educar a los hijos, los expertos señalan que se debe evitar el efecto Pigmalión

Familia y niños

November 27, 2017 17:18 By Fabiosa

En el año 1965, un psicólogo social llamado Robert Rosenthal llevó a cabo una investigación para comprender cómo las expectativas de una persona y sus exigencias pueden influir y determinar a otra. Para explicar este fenómeno, el psicólogo se basó en el mito de Pigmalión, escrito por el poeta Ovidio en su obra “Metamorfosis”.

Pigmalión hace referencia, sobre todo, a la relación afectiva y psicológica entre padres e hijos y cómo los primeros pueden influir de manera positiva o negativa sobre los segundos. El horizonte de expectativas que construyen los padres sobre sus hijos condiciona el modo de vincularse y también las demandas que se le exigirán a los pequeños.

Veamos los efectos positivos de Pigmalión:

Las expectativas pueden generar un clima, una actitud y una predisposición que actúan a favor de los más pequeños. Por ejemplo, cuando los padres desean que sus pequeños retoños culminen estudios universitarios. En este caso, las figuras paternas lucharán para que se cumpla ese deseo y crearán las condiciones de posibilidad para que el niño venza cada uno de los niveles académicos hasta llegar al superior. La idea es mostrale a los pequeños que confiamos en ellos y por eso esperamos grandes cosas. El adulto tiene que fundamentar su creencia, no puede tratarse de un anhelo que lo haga dudar, sino de certeza que convierte en expectativa.

Es importante tener en cuenta que no solo comunicamos certeza y transmitimos seguridad a través de nuestra habla, sino también a través de nuestro cuerpo, comportamientos, gestos, expresiones. Todo lo que hacemos es un mensaje hacia los pequeños.

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Los efectos negativos de Pigmalión:

Muchas veces los padres proyectan sobre sus hijos las frustraciones que arrastran de sus vidas y pretenden que los más pequeños se conviertan en todo aquello que ellos no consiguieron ser. Sin embargo, esta conducta está obviando dos factores importantes. El primero de ellos es que no podemos imponer nuestra voluntad: lo que para nosotros fue una meta sin cumplir, para nuestros hijos puede ser una imposición. Se debe hablar con ellos, estar atentos a sus deseos, sueños, metas y tomarlos en cuenta.

El segundo aspecto importante que obvia este tipo de conductas es que podemos asumir una forma autoritaria y de poder y ello desencadena efectos. Cuando nos afanamos a que nuestros hijos tengan un alto rendimiento académico, por ejemplo, porque deseamos que lleguen a la universidad con una beca, no solo les exigimos más y más, sino que lo hacemos a través de formas violentas. Citaremos un ejemplo, cuando un padre exige concentración y demanda buenas notas: “Si sigues por ese camino, no llegarás a ningún lado en tu vida”. Esa frase hiere y actúa sobre la autoestima de los niños, sembrando en ellos la posibilidad de que no son buenos para nada, además de crear el sentimiento de frustración.

Educar a los pequeños no es una tarea fácil, es una labor que exige no solo la vigilancia sobre los hijos, sino también sobre nuestras propias conductas y modos de enseñar. Evitemos las tensiones y las actitudes autoritarias que desencadenan violencia y reacciones de odio.

Fuente: Guía Infantil

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