Un cachorro quedó atrapado en un cactus, pero recibió ayuda de quien menos esperaba

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March 8, 2018 20:04 By Fabiosa

Si bien es cierto que no todos los seres humanos manifiestan una debilidad confesa por los animales, también es verdad que muchos de ellos están conscientes del valor de la vida animal y están dispuestos a salvarlos en caso de presentarse la necesidad. Así le ocurrió a Gwen Maxwell, de 85 años, quien paseaba tranquilamente una mañana cuando se dio cuenta de que un cachorro estaba envuelto totalmente en pequeñas bolas de cactus.

Gwen se dio cuenta de que el perrito estaba indefenso e impotente, pues cuanto más intentaba salir, más daño le hacían las púas del cactus, así que el octogenario decidió que debía hacer algo al respecto. El hombre se acercó y fue allí cuando notó que no era un cachorro corriente, sino una cría de coyote que tenía pegadas a su cuerpo seis bolas de cactus.

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El cachorro sufría y trataba de librarse, pero las púas ya habían empezado a herirlo al punto de hacerlo sangrar. Al ver el estado en el que se encontraba, Maxwell corrió a la casa de un vecino para pedirle ayuda, pero se encontró con la sorpresa de que la mamá de la cría estaba allí, vigilando la situación y esperando a que alguno ayudase a su pequeño bebé.

Cerca del lugar había un campo de golf, por lo que varias personas se acercaron a ver qué ocurría y, dado que ellos cargaban guantes puestos, asumieron que les sería más fácil tomar el control de la situación; sin embargo, a pesar de la protección en sus manos, no pudieron con las púas, por lo que se vieron obligados a recurrir a un alicate y halar una a una las bolas de las que era víctima el cachorro.

Es posible que todas las bolas del cactus pesasen más que el mismo cachorro, pero a pesar del dolor y de la aglomeración de personas, el pequeño animal se había calmado, como si supiese que todos hacían lo posible por ayudarlo. Mientras uno de los chicos lo sujetaba, otro le quitaba con cuidado cada una de las púas y la cría, en total tranquilidad, no trataba de morderlos ni de huir.

Apenas se sintió liberado, el cachorro corrió feliz hacia donde estaba su madre y, aunque seguramente el dolor de las heridas aún permanecía, su júbilo por haber alcanzado la libertad superaba cualquier sensación física.

Afortunadamente, sobraron las personas de buen corazón dispuestas a ayudar al pequeño coyote en aprietos, de lo contrario, seguramente habría muerto de tanto hacerse daño con las púas. ¡Muy bien por ellos!

Fuente: Newsner

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