Hombre sobrevive 29 horas a la deriva en el océano, rodeado de tiburones, medusas y alucinaciones

Inspiración

February 14, 2018 19:40 By Fabiosa

Hay vidas que están destinadas a resistir todo tipo de pruebas y seguir adelante. Es como si una bendición inexplicable las protegiese de los posibles riesgos y peligros que pudiesen enfrentan a lo largo del camino. Brett Archibald tiene una de esas vidas.

Archibald se fue de viaje con sus amigos hacia las costas de Indonesia, en las playas de Mentawai, conocidas por tener las mejores olas del planeta; la idea era disfrutar, surfear y celebrar el cumpleaños número 50 de uno de ellos. No obstante, su destino estaba muy lejos, así que los 10 amigos tomaron un bote para hacer un viaje de 10 horas hacia el Estrecho de Mentawai.  A las 2:15 am, Brett empezó a sentirse mal, al parecer había ingerido una comida que lo había intoxicado, así que optó por subir a la cubierta a respirar aire fresco. Su último recuerdo fue la sensación de mareo que le produjo mirar la estela del mar. Lo siguiente que supo era que se encontraba flotando y tambaleándose en algo que parecía una lavadora. Brett estaba en medio del océano.

Media Village Productions / YouTube

Las olas violentas le hicieron abrir los ojos y, a unos 30 metros de distancia, alcanzó a ver en el bote en el que se trasladaba con sus amigos alejarse lentamente. Se dio cuenta de que se había caído de la cubierta y nadie lo había notado. Pensó que moriría allí. Miles de pensamientos lo atacaron, entre ellos la culpa por no haber compartido más tiempo con sus dos hijos, Zara y Jamie, y por no haber llamado a su esposa, Anita, tal como se lo hacía prometido. Se le ocurrió la idea alocada de quitarse la correa y tallar un mensaje en su pecho para su esposa; estaba empezando a delirar, pero pronto se dio cuenta de que la sangre atraería a los tiburones, que pueden detectarla a kilómetros de distancia.

El bote llegó a una de las islas y, tras buscarlo incansablemente, los hombres de dieron cuenta de que Brett se había caído. Yanto, un miembro de la tripulación palideció: perder a alguien en el mar en Indonesia implica una sentencia carcelaria para el capitán y su primer oficial. Ridgy, uno de sus amigos, recordó verlo subir a la cubierta; así que empezaron a calcular a qué altura se habría caído.

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Luego de 13 horas de rabia, indignación, desesperación y desesperanza, Brett divisó una nube negra que se acercaba. Era el bote de sus amigos. Su corazón latió de emoción, habían regresado por él. Su garganta se llenó de energía para gritar “Chicos, ¡aquí estoy!”. Pero de repente, el bote dio la vuelta,  Brett intentó nadar desesperadamente hacia ellos, pero ellos aceleraron, empezaron a moverse y se alejaron de él. No lo habían visto. Ahora sí estaba convencido de que iba a morir.

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Pasaron varias horas más y Brett escuchó un sonido de eco, abrió sus ojos y vio un hilo de agua blanca. En el centro, estaba la Virgen María. Llevaba ropa blanca, su cabeza estaba inclinada hacia la derecha y tenía las manos en forma de oración. Brett pensó que había venido a llevárselo. Pero tras algunos minutos, se dio cuenta de que nada pasaba. Más bien divisó una boya gigante, pero luego de nadar hacia ella y tratar de aferrarse a lo que consideraba su salvación, la boya desapareció. Hacia donde mirase, no había más que océano. Ya se había dado por vencido.

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Pasadas 20 horas, las piernas de Brett ya estaba entumecidas, la mayor parte de su cuerpo se  hinchado y arrugado, pero eso no evitó que sintiese el dolor punzante que le producía el ataque de una manada de medusas. Estaban por todos lados. Acecharon su cuello, hombros, espalda y pecho. Pero así como llegaron de rápido, se fueron. Al cabo de un rato, no quedaba ni una.

Lo que Brett no sabía era que, más adelante, el roce que sentiría no le produciría quemadas, sino terror. Un tiburón de proporciones inmensas se acercó a su espalda, lo reconoció por las terminaciones oscuras de sus aletas verticales. Fue allí cuando se le ocurrió la idea de aprovechar la visita del animal para que lo llevase hacia la orilla.

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Finalmente, su idea alocada no sería necesaria. Sus amigos pudieron rescatarlo sano y salvo, aunque insolado y deshidratado, luego de pasar 29 horas en el mar. A partir de esta experiencia y luego de haber superado los traumas que le produjo, Brett Archibald narra la historia completa y detallada de su supervivencia en un libro titulado Alone.

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Source: Daily Mail