VIDA REAL

Esta madre no hallaba una razón para ser feliz, pero un consejo bastó para cambiar su vida

August 23, 2018 17:12

Hay una antigua parábola de origen judío de la cual todas las madres pueden aprender algo.

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Hace mucho tiempo, había una familia judía que tenía muchos niños y muy poco dinero. Una pobre madre siempre se estaba quejando por la vida que llevaba. Todo lo tenía que hacer ella sola: limpiar, cocinar y atender las inquietudes de los niños. Trabajaba desde el atardecer hasta el día siguiente con un interminable lloriqueo.

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La sufrida madre se sentía atrapada, había dado lo mejor de sí al cuidar a sus hijos y obtuvo muy poco reconocimiento a cambio. Incluso, una de sus mayores angustias era que no podía dejar llorar. Se sentía la peor madre del mundo.

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En vista de ello, la mujer decidió acudir a un viejo y sabio rabino para que la aconsejara. Luego de una extendida hora de conversación, la mujer quedó totalmente renovada. Ella cambió mucho; su familia no se hizo más rica, ni tampoco tuvo menos problemas, pero su ánimo había cambiado. Desde entonces, la madre se dedicaba a vivir más calmada y sonriente hacia las personas de su entorno.

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La señora solo iba al mercado una vez a la semana, compraba rápido y se devolvía a casa.  Allí optaba por encerrarse en una habitación. Lo hacía cada semana, repetidamente. Sus hijos, al notar el extraño comportamiento de su madre, decidieron entrar a la habitación donde siempre se encerraba la alegre mujer para descubrir qué era lo que tanto hacía allí. ¿A que no sabes que hacía la doña allí encerrada?

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Increíble pero cierto, la muy preocupada madre ¡se encerraba a comer ricas y deliciosas fresas a escondidas y sin compartir con nadie!

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Ese truquito fue lo que le ayudó a lidiar con la constante tristeza de sus hijos. Cuando los niños lloraban con gran indignación, ella solo sonreía queriéndoles transmitir muy serenamente que ella era una madre muy feliz.

Moraleja: Para poder transmitir algo a los demás, tú necesitas asegurarte que tienes ese algo para dar, es decir, para poder transmitir felicidad, debes demostrar a todos que eres una persona feliz.

Y evidentemente a la madre de esta historia la hacía muy feliz comerse todas las fresas que podía.

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Fuente: Masuah

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