CELEBRIDADES

Las desgracias detrás de algunas de las joyas "malditas" más famosas del mundo

January 31, 2018 08:48

Las piedras preciosas y la joyería costosa siempre han inspirado asombro en la gente. Son capaces de provocar una amplia gama de sentimientos, desde admiración y envidia hasta disgusto y miedo. Algunas joyas famosas estaban destinadas a permanecer en el pasado como “malditas”. Estas joyas cambiaron de dueños, vivieron vidas agitadas y sobrevivieron guerras, traiciones y coincidencias fatales.

1. La Perla Peregrina.

Esta perla hermosa y alargada era la joya favorita de Elizabeth Taylor. La joya lujosa pesa 50,6 quilates y fue descubierta por un esclavo negro en el Golfo de Panamá. Gracias a su gran hallazgo, el esclavo consiguió su libertad. En 1554, el rey español Phillip II le obsequió la joya a su futura esposa, Maria Tudor.

Cuatro años más tarde, el monarca abandonó a su esposa y Maria murió sin dejar un heredero. La muerte de Maria no le afectó mucho a la gente. En la memoria del pueblo, la reina se perpetuó con el sobrenombre de “Bloody Mary” (Maria Sangrienta). Luego de la muerte de la reina, la perla regresó a manos del Phillip II. Sin pensarlo dos veces, el rey le ofreció su mano a la media hermana de Maria, Elizabeth I, quien se convirtió en la siguiente poseedora de la Perla Peregrina. Hasta el siglo XIX, la joya le perteneció a los monarcas españoles; sin embargo, luego de la invasión de Napoleón, la perla pasó a ser posesión de la familia real francesa.

En 1873, la joya fue vendida a James Hamilton y en 1969, la perla le perteneció a Richard Burton, quien se la regaló a su esposa, Elizabeth Taylor. La joya costosa no le trajo felicidad a la pareja, pues se casaron y se divorciaron dos veces. Además, la actriz se casó 8 veces antes de morir. Luego de la muerte de Elizabeth en el año 2011, la perla fue vendida por $11,8 millones a un comprador desconocido en una subasta de Christie’s.

2. El Rubí del Príncipe Negro.

El rubí es famoso por su sobrenombre, “El gran impostor”. La gema reposa en el centro de la corona del Imperio Británico. De hecho, no se trata de una piedra preciosa. En realidad, no es un rubí, sino más bien una espinela grande, que es una piedra mucho menos costosa altamente valorada por sus colores múltiples e intensos. Normalmente confunden una espinela de color rojo brillante con un rubí, a la espinela rosada se le conoce como rubí balas y a la morada se le denomina amatista oriental. Vale la pena destacar que es imposible distinguir un rubí de una espinela a simple vista.

El Rubí del Príncipe Negro probablemente lo extrajeron de la provincia tajika de Badajshán (ahora en territorio de Afganistán) en el siglo XIV. Peter I, el rey de Castilla y León, conocido como Pedro el Cruel, se convirtió en el dueño de la gema. La piedra luego cayó en manos de del Príncipe Negro Edward Woodstock, quien se volvió famoso por sus explosiones militares en la Guerra de los Cien Años. Henry V le hurtó la espinela a Woodstock y la convirtió en el adorno de su casco de combate; así que el “impostor” llegó a estar de pie en una fila con rubíes reales. En este vestigio victorioso, Henry luchó en la famosa batalla de Azincourt. Gradualmente, la joya se volvió propiedad de la dinastía Tudor. La piedra perteneció a Henry VIII y a su hija, Elizabeth. En 1649, decapitaron al rey Charles I por traición y, con el tiempo, vendieron el rubí.

En el siglo XVII, el lord Steward de Escocia recuperó el rubí de un vendedor desconocido, pero casi pierde el “Príncipe Negro” cuando el irlandés Thomas Blade casi roba toda la regalía real de la Torre en 1671.

3. La Estrella de la India.

A la Estrella de la India también se le conoce como la Estrella de Sri Lanka. Este zafiro redondo poco común de color mate tiene estrellas en ambos lados de la piedra. La gema fue extraída de la costa sureste de la india hace 300 años y aún se le considera una de las gemas más grandes del mundo. En el año 1900, John Pierpont Morgan, un empresario, le obsequió la gema al Museo Americano de Historia Natural. En 1964, una banda de ladrones logró irrumpir en el edificio por la ventana del baño y robó la gema. La policía atrapó a los vándalos al día siguiente de su atrevido robo. La joya, sin embargo, fue descubierta apenas unos meses después en unos de los casilleros de un depósito en una estación de autobuses de Miami. Ahora la piedra regresó al museo y la resguardan cuidadosamente.

READ ALSO: Lujo, belleza y poder reflejan las 10 tiaras más famosas de la realeza británica

4. El Zafiro Morado Heron-Allen.

Hay una larga cadena de leyendas detrás de esta gema. Según una de ellas, un soldado británico robó este seudozafiro, el cual era, en realidad, una amatista, de un templo indio dedicado a Shiva. El coronel Faris, cuya familia pronto quedó devastada por enfermedades y un colapso financiera, llevó esta gema a Inglaterra. Luego le regalaron la amatista al escritor y académico Edward Heron-Allen. Quizás sea una coincidencia, pero la piedra trajo una mala racha en la vida del próspero escritor. Sin intenciones de retar al destino, Heron-Allen le regaló la amatista a sus amigos, pero a ellos también le acarró desgracias y le regresaron la piedra. Durante el resto de su vida, Edward mantuvo el “zafiro delfiano” guardado en siete cajas rodeadas de amuletos “para la suerte”.

Cuando el Zafiro Morado pasó a la hija del escritor, ella decidió que era mejor transferir la piedra el Museo de Historia Natural de Londres. Le adjuntó una carta al regalo y le recomendó a los trabajadores del museo no permitir que nadie poseyese la piedra personalmente; de lo contrario, el dueño de la amatista sería maldito.

5. Los anillos sello de la familia Borja.

La familia española Borja es conocida no sólo por el hecho de que le dieron al mundo 2 papas y unos 20 cardinales, sino también por sus intrigas con relación a las joyas. Los dos anillos “La llama de los Borjas” y “La garra del león” no les trajeron ningún infortunio a sus dueños, pero según afirma los historiadores, le dieron a la familia Borja el poder y la fortaleza para destruir a todos aquellos que se atravesasen en su camino. La maldad no se le atribuye a los anillos en sí, se cree que la gente que los usaba en sus dedos les daba partículas de sus almas oscuras a las joyas.

Ambos anillos ocultan secretos terribles. “La garra del león” tiene unas garras pequeñas y afiladas untadas de veneno capaces de matar luego de un apretón de manos. Bajo la piedra del anillo “La llama de los Borja”, hay un espacio para veneno, que podría ser añadido fácilmente al vaso de la víctima.

Muchos creen que los augurios y las maldiciones son simples supersticiones. Quizás lo son, pero instintivamente queremos mantenernos alejados de cualquier cosa que nos pueda traer desgracia. Dejen que estas joyas reposen en museos bajo vigilancia y sirvan de advertencia a las futuras generaciones.

READ ALSO: Entre sus últimos deseos, Lady Diana pidió que sus nueras heredaran sus joyas y así es cómo las luce Kate