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Un bulto en el cuello le causó la muerte. Ella pasó sus últimos días pidiendo que no sigan su ejemplo

June 22, 2018 22:27

Ashley Trenner, una mujer que creció en Washington State, buscaba con ansias ese tono de piel “besado por el sol”. La mayoría del año era húmedo y nublado en el noreste del país; sin embargo, había una pequeña ventana a lo largo de todo el año durante la cual ella podía salir y absorber los rayos solares.  En lugar de pasar varios meses con la piel pálida, la mujer recurrió a las camas de bronceado.

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Ella empezó a ir esporádicamente durante su adolescencia, pero se volvió adicta rápidamente. Fue una pasión a la que no renunció hasta que se dio cuenta de que la estaba matando. En algún momento de su vida, Ashley se atrevió a decir:

No me importa si el bronceado me mata, siempre y cuando me muera bronceada.

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Tras años de batalla contra el letal cáncer de piel, la mujer se ha arrepentido de estas palabras y asegura que ya no piensa así. Foto tras foto a lo largo de la vida de Trenner, la mujer aparece con un bronceado profundo, intenso y dorado. Es ése el tipo de bronceado que suele verse en las revistas y el que cientos de personas con un bronceado promedio envidian. Después de todo, ese bronceado siempre ha sido símbolo de salud y buena forma, la marca de alguien que pasa mucho tiempo al aire libre bajo el sol.

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La tez de tono natural de Trenner le causó un complejo, por lo que decidió que no dejaría pasar mucho tiempo entre sus sesiones en las camas de bronceado. Desde la época en la que tenía 15 años hasta de la edad de 33 años, el bronceado fue para ella un ritual regular. Sin embargo, tras 18 años de asistir sin falta a las camas de bronceado, Trenner notó una pequeña lesión en su piel.

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Por medio de una cirugía, los médicos removieron la lesión, que resultó ser benigna, pero resultó que ésta sólo era una señal de advertencia. La lesión regreso, pero Trenner la ignoró y pensó que volvería a ser benigna, por lo que no sintió la necesidad de apresurarse por consultar al médico para tratarla.

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La lesión se volvió más grande y más dolorosa. Ashley notó que había empezado a crecer a pasos agigantados, por lo que ya no pudo ignorarla más. Finalmente, la mujer acudió a un dermatólogo, pero esta vez no tuvo tanta suerte como en la última ocasión. Su diagnóstico fue melanoma, un cáncer de piel verdaderamente letal. A Trenner le removieron el tumor y algunos nódulos, pero, desafortunadamente, las células cancerígenas se habían esparcido y siguieron adueñándose de todo su cuerpo.

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A los 3 años de haber removido su primera lesión, el cáncer regresó, esta vez en su cadera. Su pronóstico era mucho peor que el de la primera vez. No obstante, algo bueno salió de su enfermedad. Trenner había pasado años alejada de su familia, y ahora que había visto que el final estaba cerca, ella y sus padres se reconciliaron.

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Asimismo, Tranner intentó sacar el mayor provecho de su situación y, antes de su muerte, la mujer decidió compartir su historia para enviar un mensaje de alerta para todos aquellos que buscan un brillo color bronce: no vale la pena. Ashley falleció en el año 2013, pero su familia y amigos continúan difundiendo su mensaje. Quizás ella se fue muy pronto, pero, con suerte, su legado salvará a otros de vivir su destino.

Fuente: All That's News

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