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Desgarradora y contundente: la carta que escribió hija de José María Íñigo tras muerte de su papá

November 6, 2019 00:46

Periodista, presentador, ícono. Sin duda, José María Íñigo logró coronarse como una de las personalidades más destacadas de la televisión y el radio españoles con programas inolvidables como Directísimo o Eurovisión.

Por desgracia, Íñigo conmocionó a toda España en mayo de 2018, cuando finalmente perdió la batalla contra el cáncer que había llevado con discreción total y sin dejarse mermar por los estragos de la enfermedad, lo cual, hizo que su hija, Piluca Íñigo, le escribiera una carta desgarradora pero con tintes de humor, para despedirlo como le hubiera gustado.

Getty Images / Ideal Image

Papá:
”Con que no era grave”, es lo que estará resonando en su interior. De haber sido enterrado, le habría gustado tener esto como epitafio. Pero nunca quiso saber qué pasaba. Solo si el bicho, como él lo llamaba, era bueno o malo.


Su vida fue música y como tal, tomo estas líneas de sus amigos que dicen que: “algo se muere en el alma cuando un amigo se va; y va dejando una huella que no se puede borrar”. Huella que permanece no solo en nosotros, sus familiares, sino en todo un país que ha crecido con su inconfundible figura y voz y que ayer lloró su pérdida.

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Pero hablemos en presente, su tiempo. Y dejemos de lamentar su pérdida y de resaltar la tristeza. La ola de cariño que levantó ayer su marcha transforma esa tristeza en alegría, felicidad y sobre todo orgullo. Algo bueno tuvo que hacer. Es más, algo muy bueno para que ayer recibiéramos dos cartas de Palacio, un whatsapp personal de Albert Rivera, una nota del presidente de Gobierno y hasta consiguiera, en esa situación tan delicada, que su petición de tener una plaza con su nombre entrase en los planes de la Comunidad de Madrid. Como siempre dice mi madre: ‘Piluca: es que no sabes quién era tu padre y todo lo que hizo’.

(…) Me falta el bigote y sus ojos azules pero comparto su curiosidad, inquietud, afán por nuestro idioma y descubrir nuevos. E incluso su estatura que como él siempre dijo: somos bajitos porque la inteligencia, pesa. Él es sin duda la persona más brillante e inteligente que he conocido. Se ha ido sin que le ganara jamás un rosco al Pasapalabra, le pillara con el desconocimiento del significado de alguna palabra en inglés o me enseñara él una aplicación nueva, útil o no, como aquella de “auscultar” un melón con el móvil en el súper para saber si salía dulce o no.

Mis hermanos ayer me decían que sentían alivio porque ya había terminado este viaje. Pero yo seguía queriendo tenerle a mi lado, físicamente digo, porque en la memoria y recuerdo estará siempre; y de alguna manera, creedme que lo hago. Abrazo a mi hermano Dani, el primogénito, para sentir a nuestro aita, Dani ponte de pie para que todos puedan abrazarte cuando se acuerden de papá. Eduardo fue creado a su imagen y semejanza, no hay más que verle; Chemi sigue siendo José María Íñigo, una suerte que le ha abierto muchas más puertas que al resto de hermanos, ¿verdad? O mi madre, ya que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, aunque en su caso tuvo dos. Incluso en los silencios, esos que para muchos se antojan incómodos, pero que con él eran reconfortantes. Paco, su hermano y mi tío, puede seguir brindándonoslos. Recuerdo que me dijo una vez, yo he hecho todo un viaje de 500 km de Madrid a Bilbao sin hablar. A lo que respondí “¿ni una palabra?” y me dijo “sí: ¿baño?”. Pararon y reanudaron la marcha.

Con su carta, Piluca solo alcanzó a compartir una pequeña parte de todo lo que fue su padre, quien a la fecha y por muchos años más, seguirá siendo recordado como una de las máximas estrellas del espectáculo: profesor, emprendedor, maestro y ejemplo que muchos buscarán imitar, pero ninguno logrará igualar, pues José María Íñigo solo hubo uno.