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Estos perritos perdieron a sus dueños y sus historias parten el corazón en 3 tristes gajos

October 17, 2016 17:06

Qué les sucede a los perritos que se quedan huérfanos de sus humanos? El vínculo que se crea entre un perro y su humano es irrompible y cuando llega la muerte de uno, afecta terriblemente la vida del otro.

Las siguientes 3 historias exploran ese vínculo y el efecto que la muerte tiene sobre él:

Fernando

Fernando es un perro French Poodle que llegó a la clínica con su dueño, un señor de la tercera edad que ingresó al centro de salud por una emergencia médica.

Lamentablemente, el señor falleció 3 horas después al interior de la clínica Shaio, en junio del 2015.

Fernando esperó afuera de la clínica durante días, sin comida, agua, ni esperanza, hasta que una mujer se fijó en él y decidió ayudarlo.

Cuando su rescatista se acercó, el perrito estaba deshidratado, hambriento, cansado y tenía una mirada que reflejaba la tristeza que había en su corazón. Había pasado ya 3 días y sus noches en ese lugar esperando a que su humano regresara por él.

Se lo llevaron para atenderlo y darle un hogar nuevo donde vivir, pero Fernando sólo se sentaba en la ventana, esperando. No quería comer, no quería hacer nada y terminó enfermando.

A Fernando le tomó algún tiempo hacerse a la idea de que su dueño ya no regresaría, pero eventualmente, su nueva dueña se fue ganando su corazón y Fernando se dio la oportunidad de iniciar su vida de nuevo.

Kana y Sachi

Kana es una criolla color negro de 8 años de edad y Sachi es una French Poodle blanca de 5 años. Ambas fueron encontradas al interior de su hogar junto al cadáver de su dueño.

Junto con otros 8 perritos que también vivían con ellos, Kana y Sachi sobrevivieron durante 15 días alimentándose del cadáver de su dueño. Los vecinos llamaron a las autoridades para reportar un olor fétido proveniente de esa casa y así fue como las encontraron.

La salud de Kana y Sachi era lamentable, problemas estomacales y de piel se sumaban a la enorme depresión que las aquejaba tras la muerte de su dueño, y la posterior necesidad de sobrevivencia. Por si eso fuera poco, personal del refugio al que habían sido llevadas ya habían programado la fecha de su eutanasia.

Pero, aquí entra Stella Forero y su esposo a la historia. El matrimonio llevaba tiempo buscando a un perrito para que le hiciera compañía a Kichi, su perrito, y decidieron tenerlas a ambas: “Nos decían que eran inseparables y ambas habían sufrido la pérdida del lugar de donde vivían, así que las adoptamos”.

No fue fácil. Stella piensa que Kana pasó mucho tiempo en la calle antes de que su ex dueño fallecido la adoptara porque, de noche, pasaba mucho tiempo buscando comida y le tenía pavor a la correa.

En cambio, Sachi era tímida, temerosa y lucía cansada: “El primer mes permaneció dormida y acostada todo el tiempo. Las vi asustadas, creo que tuvieron muchos cambios en muy poco tiempo”.

Cinco meses después, el proceso de recuperación continúa, pero ha habido mejorías notables, Kana finalmente comprendió que no necesitaba salir a buscar comida y ya duerme profundamente por la noche. Sachi es más activa, pudo superar su tristeza y ahora ladra, corre, salta y juega.

Lunita y Edgar

Luna, una perrita Labrador de color chocolate y Edgar, un hombre de 63 años, vivieron juntos durante 7 años y fueron inseparables durante todo ese tiempo.

Cierto día que Edgar estaba limpiándola y peinándola, Luna se movió bruscamente y le fracturó un brazo a su sorprendido dueño. Por supuesto fue sin querer, pero cuando fue al hospital para que lo enyesaran, los médicos detectaron que Edgar padecía de mieloma.

Luna acompañó a Edgar e su enfermedad. Lo apoyó, lo cuidó y sirvió de inspiración para que saliera adelante.

Lamentablemente, el cruel y miserable cáncer no perdona y fue comiéndose poco a poco la vida de Edgar. El día en que la llevaron a la habitación para despedirse de su amado humano ya moribundo, Luna se negó a entrar, no hubo forma alguna de hacer que la perrita entrara para ver por última vez a su dueño.

A partir de ese día, la vida de Luna cambió por completo. Comenzó a caer en picada. En cosa de 2 semanas envejeció, entristeció, ya no quería jugar ni hacer nada.

La cosa se puso tan mal que la llevaron a un “Club Campestre Paraíso Animal”, una especie de guardería para perros y gatos donde luna experimentó un renacer emocional. Pudo recuperar la alegría, jugaba de nuevo, parecía que había recibido una segunda oportunidad de ser feliz.

Images: eltiempo

Paola, la hija de Edgar comenzó el papeleo para llevársela a España, donde ella reside. Pero 8 días antes del viaje, Luna falleció, era un 6 de enero del 2016.

La necropsia que le practicaron reveló que Luna tenía un tumor en el corazón. Paola cremó sus restos y esparció las cenizas en un riachuelo del parque Nacional de Bogotá, Colombia; el mismo lugar donde esparció las cenizas de Edgar.