ESTILO DE VIDA Y TENDENCIAS

Ralf Lovick, el schnauzer gigante que pasó 10 años de su vida ayudando a humanos y a otras mascotas

October 24, 2017 22:21

Existe una amplia línea de investigación que se ha dedicado a estudiar los beneficios del uso de animales afectivos en el tratamiento de pacientes con trastornos físicos y mentales, para la sanación y en el apoyo a la formación de capacidades para socializar y cambios en el comportamiento.

La terapia asistida, como se le ha hecho llamar, ha empleado algunos animales y los perros han resultado ser muy eficientes. La terapia asistida con perros comenzó, intencionalmente, desde la década del 50 del siglo pasado.

Los perros de servicio han prestado su asistencia en salas de recuperación y de convalecencia en hospitales, en centros o programas de educación especial infantil, en centros de acogida de menores, en prisiones, en programas de mujeres abusadas, en residencias de ancianos, entre otros.

La lista de perritos que han colaborado en estas labores es interminable. Pero hoy hablaremos de Ralf Lovick, un schnauzer que dedicó casi 10 años de su vida a esta bonita tarea.

La familia Lovick adoptó a Ralf cuando aún era un cachorrito, aunque creció rápidamente, pues se trataba de la raza gigante. Caroline, su mamá adoptiva, lo llevaba habitualmente a competencias y fue allí donde descubrieron sus habilidades: una niña con Síndrome de Asperger no pudo evitar querer hacerse su amiga.

En de ese momento, algunas personas que se encontraban insertas en el mundo de la terapia acompañada le sugirieron a Caroline que probara su talento. Su labor comenzó en un centro de cuidado de ancianos.

Quizá te interese: Su pequeño humano tiene autismo, así que este perro no dejará que vaya solo al hospital

Allí participó activamente en las terapias asistidas durante más de seis años y trabajaba seis horas semanales. Su dedicación le permitió ayudar a pacientes con demencia senil, mientras que a otros les daba tranquilidad y consuelo con su terapia de compañía.

Luego de este período, Caroline escuchó el consejo de otros amigos que sugirieron que Ralf podría ser muy útil también con los niños enfermos. Así, comenzó su labor en el Melbourne Royal Children’s Hospital.

Su extraordinaria labor fue tan efectiva que los padres de los niñitos pedían que Ralf asistiera más seguido. Su amistad se hizo intensa con cada niño que acompañó. Estaba con ellos en sus habitaciones, los llevaba a pasear, se sentaban tranquilamente en el césped y se demostraban el inmenso amor que se profesaban.

Ralf incluso llevaba un gafete, era un trabajador más del hospital. Luego se insertó también en el Lort Smith Animal Hospital, para dar terapia acompañada a otras mascotas.

Con 11 años vividos y dedicados a esta hermosa tarea, Ralf enfermó. Caroline, que era su cómplice en el voluntariado, comprendió que después de haber dado tanto a niños, ancianos y familias completas, Ralf merecía descansar.

El cáncer y artritis en su patica ya no lo dejaban subir a las camas de sus pacientes y, ya que no podía asistir al hospital, comenzaron un programa que llamaron “Leyendo con Ralf”, en la Biblioteca Brighton.

Ralf falleció a los 14 años, pero todo su esfuerzo fue premiado con el éxito de su labor. No fue solo un perro de terapia asistida, fue un acompañante, un amigo, el consuelo para muchos, y la alegría de otros. El inmenso amor que todos le mostraron fue el mayor de los regalos, era lo único que siempre esperaba a cambio.

Si te gustó este artículo, ¡recuerda compartirlo con familiares y amigos!

Fuente: Dailymail

Quizá te interese:

Esta perrita fue tan maltratada que le temía a todo el mundo, hasta que conoció a un bebé humano…

Este hombre es el ángel guardián de los perros en Gaza: su trabajo es invaluable